La comunidad como un modo de vida universal

                                  Solamente las tribus sobrevivirán

                                                                     Vine Deloria Jr (Maestro espiritual indígena norteamericano)

 

 

 

 

 

 

La comunidad original de los seres humanos no es la familia, sino la tribu. La comunidad primigenia es el marco humano, en el que se encuadra toda forma de vida humana, incluida la familia. Es parte de lo que yo llamo la matriz sagrada, inherente a   la vida. En ella, el orden cósmico está ligado al orden social. No está constreñida a ciertas épocas o culturas, sino que es una parte integral de nuestra existencia social humana que trasciende la historia. Solo puede ser destruida mediante la violencia, y solamente cuando hayamos encontrado un equivalente total a ésta que esté en consonancia con nuestra era, podremos volver a relacionarnos de una manera plena y sana con los demás.

La comunidad es la entidad social natural que mayor daño ha experimentado. Es una parte imprescindible del todo, que fue destruido a nivel mundial. Donde quiera que las personas fueron secuestradas, esclavizadas o vendidas, las comunidades fueron exterminadas, destruyendo así los tejidos sociales de la vida de pueblos enteros. Este proceso se inició con la invasión por parte de los pueblos Kurgan de los asentamientos fluviales neolíticos hace 7.000 años. Y continuó con el exterminio de los pueblos indígenas americanos llevado a cabo por los invasores europeos en el siglo XVII, y perdura hasta el día de hoy, en que los últimos pueblos indígenas de todos los continentes están siendo expulsados de su hábitat natural en nombre de los intereses comerciales.

La desaparición de la comunidad humana dejó una herida abierta en la civilización humana. Y debido a la destrucción de la comunidad, los seres humanos perdieron su moralidad y sentido de la responsabilidad primitivos. Las personas fueron arrancadas de sus comunidades orgánicas. Lo hicieron poco a poco, pieza a pieza, y esto también les apartó de su propio ser superior, de su conocimiento superior, y de las esferas más elevadas de la vida. La comunidad ha sido y es el medio idóneo para el cultivo de la confianza y la solidaridad. Si esa base fértil falta, los seres humanos desprovistos de raíces se vuelven violentos.

La comunidad es una etapa intermedia en la escala de la vida, y no puede pasarse por alto. Conecta al individuo con un plano superior e intensifica su sentido de la totalidad. Una comunidad sana refleja un orden universal, con el que podemos conectar más fácilmente. Gracias a esta conexión, una comunidad que funciona consigue un alto poder creativo. Una comunidad natural es similar a un organismo, y los individuos y los grupos son sus órganos. Los órganos de un organismo sano tienen diferentes cometidos y funciones; el hígado actúa de manera diferente a los riñones y el cerebro no actúa igual que el corazón, y sin embargo todos ellos pertenecen al mismo organismo. Cuando se vive en el seno de ese organismo, las personas poco a poco dejan de vivir de acuerdo a los principios de la comparación y la competencia, y empiezan a vivir según los principios de la complementación y el apoyo mutuo. El sistema no podría funcionar de otra manera.

Al tiempo que surge este organismo, se desarrolla un nuevo sujeto mental-espiritual: el ‘yo’ comunitario. Este ‘yo’ está en un plano más alto en la jerarquía espiritual de la vida que el ‘yo’ individual. El ‘yo’ comunitario alberga el conocimiento y el poder de todos los ‘yoes’ individuales. Todas las personas que trabajan juntas y son parte sólida de una comunidad están conectadas al ‘yo’ comunitario y a sus poderes mentales y espirituales, y por tanto pueden acceder desde ahí a capacidades de supervivencia que no tendrían como individuos.

Cuando los primeros seres humanos conecten con este sentido de comunidad de nuevo y empiecen a pensar y actuar atendiendo a esta conexión, esta nueva circunstancia tendrá un elevado efecto curativo en el campo morfogenético de la humanidad. En una comunidad viva, se promueve el conocimiento de una cultura de paz.

Aprendemos las leyes de la paz universal mediante el aprendizaje de las normas universales de la comunidad.

                                                                                                                        Dieter Duhm (Co-fundador de Tamera)

Inspirándonos en carne y hueso de estos pensamiento, queremos crear un espacio pacífico en este lugar para poder expandirse el mensaje como modelo hacia las cuatro direcciones.